Las carreras de cotas cierran una de las épocas más emocionantes del ciclismo. El cuarto domingo del cuarto mes del año acaba con la intensidad de las carreras de febrero, marzo y abril. Como todo cierre, de estas carreras se esperan cosas que llevan tiempo sin dar: ataques, emoción y espectáculo. La Lieja – Bastoña – Lieja, la más importante de todas las carreras del último bloque de clásicas, las representa en todo. Es la de más prestigio, la que más atención acapara y, estas últimas temporadas, la que más decepciona.

No precisamente por la calidad de los contendientes, todos ganadores de grandes clásicas. La Lieja decepciona por el miedo de todos ellos a perder, a no conseguir una carrera que, como no podía ser de otra forma, es muy difícil de conseguir. Para hacerse con La Decana hay que apostar fuerte. La escapada la formaron Pirmin Lang (IAM), Michael Koch (CAN), Matteo Bono (LAM), Marco Minnaard (WGG), Pieter Jacobs (TSV) y Jaco Venter (MTN), y pronto se apoyaron en el consentimiento del grupo para coger hasta 15 minutos de renta. La Lieja es una carrera larga y dura, con mucho desnivel, por lo que la diferencia no preocupaba a un grupo liderado por Movistar, BMC u Omega Pharma – Quick Step.

Al paso por Wanne, Stockeu y Haute-Levée, solo se definieron algunas cosas pero para unos pocos. En Stockeu, entre los escapados empezaba a sufrir Koch, y en el grupo abandonaba Andy Schleck, algo que ya no es noticia pero que es pertinente destacar. Joaquim Rodríguez empezaba a sufrir en la cota ulterior de este encadenado para luego abandonar, como también ocurriría, pero por una caída, con Rui Costa. El portugués, vestido de arcoiris, confirmaba así una primera parte de año para olvidar. Cosas de llevar el arcobaleno. Sky, que había visto como tanto Froome como Kennaugh no salían desde Lieja, acentuaba su situación, horrible, con el abandono también de David López.

La Côte de Vecquée, protagonista en 2005 del último gran ataque lejano de la Liège – Bastogne – Liège “a piernas” de Alexander Vinokourov, de vuelta en el recorrido de la carrera valona, tampoco ofreció mucho. Los equipos de los líderes buscaban posicionarse pero sin mucho estrés. Las distancias de peligro en las clásicas de cotas y en las de piedras no son las mismas, y sin en estas a 60 de meta las escuadras echan el resto por dejar a sus líderes en cabeza, en las de esta época de abril no tanto.

En Remouchamps no dio el pelotón ni opción a soñar. La Redoute se subió como se sube siempre en estas últimas temporadas. Un ataque de Warren Barguil seguido por un muy activo Julián Arredondo fue lo máximo (y hasta lo único) que dio el pelotón. En la fuga resistían Matteo Bono y Jaco Venter en cabeza, con Jacobs y Lang a unos metros. Tampoco en Forges vimos mucho. Ningún líder se destapó, por lo que todos esperaron, actitud que se ha convertido en tendencia en estas carreras de las Ardenas (y en la Amstel Gold Race).

Llegaba la Roche aux Faucons, y se pensó que “ahora sí”. Pero tampoco. Aquí los Schleck han dinamitado la carrera, pero en este 2014 ni uno solo de los favoritos lo intentó. Pero si dio tiempo para que uno entre todos destacara: Valverde recuperaba posiciones a un ataque de Nibali y Kreuziger con extrema facilidad. Quizás hacer esto y no seleccionar invitó a todos a esperar a Valverde. El miedo a Valverde y la incapacidad del murciano para tomar la responsabilidad nos dejaron sin carrera desde entonces.

Arredondo y Pozzovivo cogieron distancia y la mantuvieron en los falsos llanos, de subida y bajada, hasta la cota de los italianos, Saint-Nicholas. Allí, más de lo mismo. El ataque de la cota fue protagonizado por un hombre de esos que tiene que atacar mucho antes en un ideal desarrollo de carrera, Stefan Denifl. Pero ahí se fue el austriaco, con mérito por demérito, y solo fue rebasado en los últimos por dos de los tres corredores más ofensivos del día: Pozzovivo, otra vez, y Giampaolo Caruso. Katusha, sin Purito, lo hizo bien.

Ninguno de los favoritos atacó en la cota, pero Valverde sí lo intentó tras coronar. Ninguno quiso probar al de Movistar antes y él, ganador el miércoles en Huy, tampoco se atrevió a probarlo y seleccionar. Ahí le dio las opciones a un Gerrans que había sufrido en la Roca y, un poco menos, en Saint-Nicholas.

En Ans Pozzovivo y Caruso entraban con unos segundos, insuficientes tras los ataques de Gilbert y un Dan Martin que no había subido ni una de las cotas en cabeza. Valverde salió a la rueda de ellos, esquivó a Martin tras su caída, y dejó que Gerrans, siempre a rueda del murciano, iniciara el sprint final. Lo inició y lo acabó, pues el murciano, ya con 260 kilómetros en las piernas, no pudo con un corredor capaz de derrotar en algunas volatas a Peter Sagan o André Greipel. Carrera decepcionante para todos, afición y líderes, salvo para un Gerrans que consigue su segundo Monumento y quizás para Kwiatkowski, que a pesar de no intentarlo logró su primer podio en uno de ellos.

Gerrans Valverde Lieja