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	<title>Cobbles &#38; Hills &#187; Servais Knaven</title>
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	<description>A la felicidad se llega antes si vas montado en bicicleta.</description>
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		<title>Siempre gregario. Héroe un día. El adiós de C&amp;H a Servais Knaven.</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Oct 2010 10:34:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cobbles Hills]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><strong>15 de Abril de 2001: Si a la Paris-Roubaix la llaman el Infierno del Norte es por días como el de hoy.</strong> Barro hasta en los rincones más insospechados de los maillots, cada palmo de carretera brillando como si la acabasen de encerar. Los aficionados de fiesta, los corredores puteados: ciclismo, vaya. En el grupo de cabeza, ya de solo siete corredores, un valiente se decide a no mirar atrás. De sus seis compañeros de viaje, tres comparten sus colores, y entre ellos están el más rápido y el más fuerte de la carrera. Una buena opción para obligar a unos kilómetros de esfuerzo a sus rivales y allanar el camino al triunfo. Otro sacrificio de un gregario de los de verdad.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero tal superioridad táctica crea dudas incluso en los que ven la victoria alejarse cabeceando con el número tres a la espalda y un maillot distinto al suyo. No se atreven a vaciarse ante la certeza de que les rematarán en la llegada, así que dejan hacer al gregario, convirtiéndolo en héroe. Atraviesa el pavés final de Roubaix y llega al velódromo con tiempo para recrearse, incluso para girar su cabeza y ver a su compañero, el más fuerte, llegando en solitario en segundo lugar, aventajando a un grupo al que, por supuesto, somete su compañero, el más rápido. Otro gregario ilustre del equipo entra en quinto lugar, completando la cuadratura del círculo. El equipo es la clave del triunfo, pero, al final, sólo el ganador pasa a la historia.</p>
<p style="text-align:justify;">Y el ganador fue <strong>Servais Knaven (Lobith, 1971)</strong>, protagonista de este homenaje a una carrera. El ciclista holandés abandona el ciclismo en 2010, tras 16 años y muchos kilómetros de sacrificio a sus espaldas. La crónica de su victoria en Roubaix es sin lugar a dudas el capítulo estrella de su biografía. ¿Flor de un día? Lo que parece claro es que Knaven no fue un ciclista ganador. Apareció como una promesa en el ciclismo de pista amateur, triunfando en varias modalidades a nivel nacional. Y <strong>tras su paso a profesionales en ruta con el TVM (1994) </strong>logró un éxito temprano, un campeonato nacional de fondo en carretera en 1995, con tan sólo 24 años. Pero con este prometedor inicio y un nombre de pila tan heroico como Henricus Theodorus Josephus no basta para llegar al estrellato, por lo que el bueno de Servais se tuvo que conformar, <strong>tanto en TVM como en Domo-Farm Frites a partir de 2000, con su excelente trabajo de rodador</strong>, puestos de merito en el pavés y una victoria en la <strong>Scheldeprijs Vlaanderen (1998), flanqueado en el palmarés histórico de la prueba por multitud de sprinters de postín</strong>. Hasta que llegó su gran día.</p>
<p style="text-align:justify;"><img class="aligncenter" src="http://www.cyclingnews.com/photos/2001/apr01/parisroubaix/FSfinish.jpg" alt="Servais Knaven" width="389" height="260" /></p>
<p style="text-align:justify;">¿Y después? ¿Fue un punto de inflexión aquella victoria? No. Knaven asumió su sorprendente logro y siguió a sus labores. <strong>Acompañando a su director, Patrick Lefevere, abandonó el Domo-Farm Frites en 2003 para enrolarse en las filas del potente Quick Step</strong>, donde añadió a su palmarés de obrero <strong>una etapa del Tour (2003)</strong>, sorprendiendo a sus compañeros de escapada-bidón a 15 kilómetros de la meta. Finalizado 2006, ya en declive y sin resultados destacables, alargó su carrera con dos campañas en la estructura del también puntero<strong> T-Mobile</strong> (Team High Road en 2008) y la finaliza tras competir 2009 y 2010 para otro equipo Pro-Tour alemán:<strong> Milram</strong>. Sin victorias desde Etten-Leur en 2007, aún tuvo un último momento de gloria en su carrera fetiche. <strong>Knaven, un seguro en los adoquines, terminaba en 2010 la Paris-Roubaix por decimosexta vez consecutiva, igualando el record de Raymond Impanis</strong>, ganador en 1954 y, a diferencia de este, lográndolo sin abandonar en ninguna de sus participaciones.</p>
<p style="text-align:justify;">Servais Knaven, en contraste con su melena de &#8220;trequartista&#8221; italiano de toda la vida, nos deja la historia de un trabajador infatigable. Un currante que fue estrella por un día. ¡Y que día!</p>
<p style="text-align:justify;"><em><strong>Alejandro Menéndez</strong></em></p>
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		<title>Franco Ballerini</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 08:49:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cobbles Hills]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Monumentos]]></category>
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		<description><![CDATA[El pasado domingo 7 de Febrero fallecía a los 45 años de edad Franco Ballerini, actual seleccionador italiano de ciclismo, cargo que ocupaba desde 2001. Durante el transcurso de un Rally en la zona&#46;&#46;&#46;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">El pasado domingo 7 de Febrero fallecía a los 45 años de edad <strong>Franco Ballerini</strong>, actual seleccionador italiano de ciclismo, cargo que ocupaba desde 2001. Durante el transcurso de un Rally en la zona de Larciano, donde Ballerini participaba como copiloto, el Renault New Clio Sport R3 que conducía el toscano Ciardi tuvo un grave accidente al chocarse con un muro. El golpe fue absorbido por el lado donde viajaba Ballerini, quien fallecía en el cercano hospital de Pistoia. El deporte italiano entraba en estado de shock y las últimas horas han visto el constante agolpar de las condolencias, las muestras de afecto, de un ciclismo sumido en la tristeza.</p>
<p style="text-align:justify;">No sólo se consternaba el suelo italiano. Unos adoquines al norte lloraban por segunda vez. En abril de 2001 la tierra bautizada con un sol negro, fina y helada lluvia que cala los huesos, otorgaba una mínima consideración hacía un hombre que la veneraba. Un claro en el cielo permitía observar con diáfana luz la entrada, última, al Velódromo de Franco Ballerini, en el puesto 32º, a más de 8 minutos del vencedor, <strong>Servais Knaven</strong>. Su sonrisa resquebrajaba el barro que cubría el rostro, tras otra clásica bajo un clima infernal. Su maillot, abierto de par en par, daba paso a la camiseta interior, con una inscripción tallada que agradecía a los vecinos de <strong>Roubaix</strong>, a cada tramo de pavé, por su extraña calidez y por haberse convertido en su segundo hogar. Ballerini abandonaba la práctica del ciclismo en casa de su gran amor. Un hombre de pasiones. Debutó en la clásica compitiendo en la edición de 1989. Se convirtió en su obsesión, su día marcado a fuego, cúmulo de desilusiones, fracasos, adversidades, que daba paso a los éxitos más preciados. Ballerini, excepcional rodador, la conquistó en dos ocasiones, 1995 ante <strong>Tchmil</strong> y 1998 junto a su compañero <strong>Tafi</strong>. Antes de su primera conquista el monumento francés le había mostrado su cara más ruda. Caídas, frío y lluvia en tierra extraña, la victoria que le birló en el Velódromo <strong>Duclos-Lasalle</strong> en 1993. Un año después fue tercero, antes de su primera victoria en 1995. La clásica que le atrapó, admiración que le quitaba el sueño. En su debut, la París-Roubaix le deparó un clima infernal. Así se conocieron. Amor a primera vista. Ballerini forjó su trayectoria alrededor de ella. Fue uno de los Virgilio que guió al Mapei a través del Infierno del Norte, ayudando a escribir la Divina Comedia del denominado como “Dream Team del pavé”. Labor de equipo, entre <strong>Johan Museeuw</strong>, Andrea Tafi, <strong>Gianluca Bortolami</strong> o <strong>Wilfried Peeters</strong>. Franco Ballerini esculpió sus piernas en piedra, barro que tatuó su piel.</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter" src="http://www.cyclinghalloffame.com/riders/pics/Ballerini_F4%20cut.jpg" alt="" width="350" height="351" /></p>
<p style="text-align:justify;">Otras carreras copan su palmarés. La <strong>Tre Valli Varesine</strong> (1987) inició el lustre de su historial, posteriormente ganaría una <strong>París-Bruselas</strong> (1990), un <strong>Giro del Piamonte</strong> (1990), una etapa en el <strong>Giro de Italia</strong> (1991), la <strong>Het Volk</strong> (1995) el <strong>GP de Wallonie</strong> (1996) y sus dos París-Roubaix. Incalculable su legado como hombre de equipo. A las órdenes de Alfredo Martini disputó con la Nazionale cinco mundiales. Aquí fraguó su carrera una vez abandonada la práctica activa del ciclismo. Franco Ballerini se hizo cargo en 2001 del comisionado técnico de la selección. Sus logros son innegables. Primero, vieja enseñanza de la París-Roubaix, unió las mil y una familias en las que se consumía el ciclismo italiano, a partir de ahí sentó las bases para un próspero futuro. En su primera participación como director técnico, <strong>Bettini</strong> sumó la medalla de plata. Un año después, en Zolder, <strong>Mario Cipollini</strong> lograba el maillot arco iris, devolviendo a Italia una década después el título, desde el doblete de Gianni Bugno a inicios de los ’90. Un bronce de <strong>Luca Paolini</strong>, dos oros mundiales y uno olímpico de Paolo Bettini, y un nuevo título arco iris logrado por <strong>Alessandro Ballan</strong>, otro rodador imponente, son el preciado botín, precioso legado que deja Franco Ballerini al frente de la Nazionale. Su otra pasión, el automovilismo, le arrebató la vida en Pistoia, tan cercana de Florencia, su ciudad natal. Por segunda vez lloraba el adoquín del Norte, su hogar de adopción, gélido calor que hacía cobrar vida la pasión de Ballerini, alejada de los procesos alérgicos que le aquejaban rumbo a la estación de verano, que le alejaban de las grandes vueltas. Clase, alimento, entre bosques y tramos de pavé. Merci, signor Roubaix.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong><em>Imanol Martínez Otxoa</em></strong></p>
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